Hasta pronto Carlos

Editorial

In Memoriam Dr. Carlos Parellada, miembro del Comité Honorario de Mendoza Legal, Sistema Integrado de Información Jurídica del Colegio de Abogados y Procuradores, Primera Circunscripción Judicial –Mendoza

Por Dr. Luis Horacio Cuervo
Abogado por la Universidad de Mendoza, Abogado especialista por la Universidad Nacional del Litoral.
Docente titular en la Universidad Nacional de Cuyo.

Todavía me parece escucharlo entre nosotros con esa enorme calidez humana, sencillez, humildad, generosidad sin límites, accesible a todos nuestros requerimientos, comprensivo, atento, y mejor consejero. Fuimos sus discípulos y permitió que fuéramos sus ruidosos amigos, durante más de 38 años.

El 16 de agosto a primeras horas de la tarde, sonó mi teléfono y escuché la voz de Ariel Parellada, quien me dice que nuestro querido Carlos –su padre– ha fallecido.
Realmente pareció algo irreal, porque junto con otros amigos, con quienes además fuimos sus discípulos, tuvimos la suerte de compartir con él una cena el miércoles anterior, donde lo vimos casi como siempre, con algún rastro de los problemas de salud sufridos; pero fue el de siempre, escucha atenta, humor fino con exquisito uso de ironía, acotando lo justo, recordando anécdotas… en pocas palabras, nuestro Carlos.
Todavía me parece escucharlo entre nosotros con esa enorme calidez humana, sencillez, humildad, generosidad sin límites, accesible a todos nuestros requerimientos, comprensivo, atento, y mejor consejero.
Fuimos sus discípulos y permitió que fuéramos sus ruidosos amigos, durante más de 38 años, amistad que está llena de anécdotas, siempre en el marco de su afecto, abriéndonos las puertas de su casa y su familia.
Es verdad que estos días he leído varios in memoriam, que destacan –como no hacerlo– su gran trayectoria en el Derecho, no solo el Derecho civil, sino en el Concursal, en el Derecho informático, en la introducción temprana de las TICs, una figura destacadísima del derecho nacional e internacional.
Por eso resulta obligatorio intentar sintetizar su paso por el Derecho y en lo posible por nuestras vidas: Carlos fue abogado egresado de la Universidad Nacional de Buenos Aires, civilista y experto en nuevas tecnologías. En el ámbito académico, fue decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Mendoza, profesor de grado y posgrado de Derecho Informático, Obligaciones y Responsabilidad ivil, Derecho Procesal Concursal del curso de Posgrado de Sindicatura Concursal y Coordinador y Profesor de la Carrera de Especialización en Derecho de Daños de la Universidad Nacional del Litoral y de la Universidad Nacional de Cuyo, y creador y director de la Maestría de Daños de la Universidad de Mendoza.
Fundó la Revista de jurisprudencia La Revista del Foro de Cuyo, publicación que dirigió hasta 1995, en 1996 fundó la Revista de jurisprudencia Voces Jurídicas, suplemento regional La Ley Gran Cuyo, la cual dirigía en la actualidad. Colaboró en el lanzamiento de Mendoza Legal, estando siempre a disposición formando parte de su Comité Honorario.
Solo por mencionar algunos de sus logros, fue conferencista en nuestro país, en Italia, Brasil, Perú, Chile, Bolivia, Panamá, Uruguay y Colombia. Autor del libro titulado Daños en la Actividad Judicial e Informática desde la Responsabilidad Profesional publicado por editorial Astrea y de numerosos trabajos de doctrina publicados en el país y en el extranjero, así como de ponencias para congresos y jornadas. Integró la Magistratura desde 1978 hasta 1991 en la provincia de Mendoza, dejando el recuerdo de un juez trabajador, sensato, honesto, justo y preocupado por las personas detrás del expediente.
Como siempre decía cuando le preguntaba por su trabajo afirmaba con humor, “siempre fallando”, haciendo uso con ironía de las distintas acepciones del término. Alguien recordó estos días que era tan correcto que, cuando se equivocó en un fallo, se auto impuso las costas.
Fue esencial para lograr que las Jornadas Nacionales de Derecho Civil pudieran realizarse este año –luego de la demora obligada de la pandemia– en nuestra provincia, en el mes de septiembre, la cual lo contaba entre sus distinguidos panelistas y en las que fue designado presidente honorario junto a su gran amiga, la Dra. Aída Kemelmajer de Carlucci.
Se podrían seguir agregando antecedentes, pero no alcanzan a expresar lo mejor de su persona. Es que, quienes pudimos tratarlo asiduamente como fue mi caso –y en general quienes lo pudieron tratar alguna vez–, no olvidaremos jamás su desinteresada predisposición para con todos aquellos que buscamos su consejo, su criterio para el derecho y también para la vida. Tuve la suerte de tenerlo muy cerca –literalmente–, ya que su estudio y el mío están separados por una medianera.
Frente a él y sus libros, uno no advertía ni notaba aquellos profusos e importantes antecedentes académicos, científicos y profesionales. Solo tenía a Carlos, quien con toda simpleza se brindaba como persona. Esto me impresionó siempre, ocupado como estaba, cuando yo buscaba su consejo y robaba retazos de sus escasos tiempos, parecía que no tenía ningún apuro para escuchar y ayudar, haciéndose amigo cercano.
Y su fundación más importante –al menos para quien esto escribe– fue la de una familia ejemplar con su querida –y nuestra querida– Mary, compañera, columna esencial y silenciosa de toda su vida, dejando una herencia de cinco hijos y nueve nietos, todos ellos con su impronta de bien y quienes hoy lo extrañan y lloran, pero sabiendo que descansa en un mejor lugar, junto a su madre, eternamente.
Su paso por esta vida dejó marca, una profunda, de esas que no se borran y perduran en el alma de quienes lo conocieron; marca de la cual empezamos a ser conscientes a poco de su partida, ya que su entrega diaria como maestro y amigo era connatural a su persona, era su forma de ser y expresarse con los demás.
Solo puedo agregar: querido Carlos hasta pronto, cuando nos volvamos a abrazar, rodeados por aquella Luz que no tiene fin•


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